Al asociarse los hombres y distribuirse en grupos separados, forzosamente hubo de existir la ruta, esa cinta que llamamos camino, tierra hollada por el tránsito de uno a otro punto, que ya en tiempos de Moisés se les llamaba "reales", nombre que más tarde les dieron los cartagineses, comerciantes por excelencia, los primeros que empedraron sus caminos, ejemplo que copiaron los romanos en sus grandes vías militares que enlazaban Roma con sus provincias, llamadas propiamente calzadas, citándose como el camino más antiguo el que discurría de Bagdad a Ispahan, aún en uso, que se remonta a la época de Semiramis. No obstante, como testimonia San Isidoro (Orig, XV, 16.6), si bien fueron los cartagineses los primeros en empedrarlas, los fenicios dejaron abierta una vía a través de los Pirineos y los Alpes, muchos siglos antes de la Era Cristiana.

 

            Pese a todo, fueron los romanos los que sobresalieron en esta clase de obras, cubriendo con ellas los campos de Europa, Asia.... En su caja o "gremium" contaba Claudio el honor de cubrir la campiña romana con la primera vía construida en el año 422, uniendo Roma con Capua, todavía conocida por "Vía Appia". Casi un siglo más tarde se emprendió la segunda que iba a Civitavechia y Montalvo; a pocos años, la "Flominia" a Rimini y la "Emilia", algo más allá de Plasencia.

 

            Fuera de Italia, se menciona como la más antigua, la que conducía de Cartagena a los Pirineos, y por los Alpes a Roma, medida y señalada con miliarios en tiempos de Escipión el Menor, siendo Augusto el que completó estas vías hispanas, Trajano quien las conservó y Antonio Augusto Caracalla quien nos dejó su relación, informándonos que se dividían en vías militares, consulares o pretorianas, y vías vecinales, algo así como las carreteras nacionales de ahora y las provinciales y comarcales.

 

            Las vías vecinales  eran de simple explanación, afinadas o apisonadas y las sólidas calzadas enlosadas, construidas, regularmente, de cuatro a seis metros de anchura.  En su caja o "gremium" se tendía una capa de losas "statumen" unidas con mortero; luego otra capa de hormigón, "rudus", mezcla de cal con ladrillos o piedra machacados; después arena y cal o areña y arcilla "nucleus" fuertemente apisonados, y al fin, empedrado "pavimentum" a base de mortero (cal y arena) y piedras de pedernal, firmes que han logrado pervivir más de dos milenios y medio como puede comprobarse en diversas naciones y en España.

 

            El centro " ager" era alomado y el firme estaba limitado por piedras "umbones" fuertemente hincadas en tierra sobresaliendo a trechos algunas más elevadas y sirviendo de apeaderos o estribos a los jinetes. Las distancias señaladas con columnas "miliarias" (de milla en milla), de kilómetro y medio de longitud, con una "mansión" o especie de posada cada treinta.

 

            El mismo Antonio nos dice existían en el Imperio unas trescientas setenta y dos, correspondiendo treinta y cuatro a Hispania, con unas, 6.926 millas, descontadas las secciones repetidas, las que juntamente con otras secundarías que construyeron suman unas 20.000 millas, nominando muchas de las mansiones, originarias de poblaciones, que se ha conseguido identificar.

 

            Por lo que a nuestra comarca se refiere, y de manera particular al Libros que nos ocupa, por el serpenteante valle del Turia discurría la señalada con el número XXXI, "Camino de Laminium" (por nacer en Laminio (Cerro de la Mesa) a Caesar Augusta (Zaragoza), la que,  pasando por Saltici (Chinchilla), seguía por Ad Pallem (Nuestra Señora de Belén), Valeponga (Vahona), llegaba a Urbiaca (identificada por Concud), junto a Teruel: Urbicua de las crónicas siguiendo a Bilbilis (Calatayud) en ruta a Zaragoza.

 

            Si prespicaces investigadores del itinerario de esta calzada no han podido reseñar con exactitud los puntos de paso; Molina de Aragón y Albarracín, aduciendo las más dispares opiniones, sin tener en cuenta los dificilísimos pasos por tales vacibastos y "retroceder" a Concud para el enlace, cuando era más sencillo y sensato empalmar de Cella a Calamocha, extremo que no debía pasar inadvertido a aquellos maravillosos ingenieros viarios, es por lo que opinamos debía pasar por esta vega del Turia, por tanto frente a Libros, dada la comodidad en el trazado, la facilidad de la travesía y el rectilíneo desemboque a Concud. No obstante, debo advertir que he recorrido grandes distancias de esta posible ruta, sin encontrar vestigio alguno indicativo de su pasada existencia, como tampoco los demás historiadores que por distintos puntos han estudiado su posible itinerario.

 

            Antes de iniciar el estudio de los caminos "modernos" de este término y sus contornos, señalaremos que, junto a estas milenarias vías militares y del paisaje, amén de las que expondremos, había otras rutas pura y exclusivamente para el ganado, en su discurrir trashumante y de simple tránsito por el término, con motivo del enorme auge conseguido por la Mesta, que no hemos podido identificar en el municipio que nos ocupa, por el momento denominadas: Cañadas, cuando cruzan varias provincias, Cordeles, son los caminos pastoriles que afluyen a las cañadas o ponen  en comunicación dos provincias limítrofes, siendo de menos anchura que las anteriores; Coladas, son las vías que median entre varias fincas de un mismo término; Vereda, vía pastoril de 25 varas de anchura; y Pasos, la servidumbre que tienen algunas fincas para con ellas, levantados los frutos, pueden cruzar los ganados.

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